Germinación anfibia
¿La huerta del futuro?
Consideremos el estado de nuestro planeta…
En relación con el tema de la protección ambiental internacional los criterios sobre regulaciones y soluciones futuras son aún divergentes. Los estudios científicos recientes demuestran que el calentamiento de la tierra avanza en forma considerablemente más rápida que lo que se suponía hace pocos años. En cuanto a la protección ambiental se ubican por un lado los partidarios del protocolo de Kyoto, como la Unión Europea, que intenta limitar la emisión de gases tóxicos. A ellos se enfrentan otros países que están en contra de las pautas de Kyoto y quieren solucionar estos problemas a través de desarrollos técnicos. EE. UU., más allá de su reciente reconsideración sobre éste protocolo considera además, que el mismo es ineficiente e injusto al involucrar sólo a los países industrializados y excluir de las restricciones a algunos de los mayores emisores de gases en vías de desarrollo (China e India en particular), lo cual entiende que perjudicaría gravemente la economía estadounidense.
Discutiendo los pros y los contras se pasa por alto que realmente debe ocurrir algo rápido. La naturaleza sufre. Gran parte de los bosques están enfermos. Falta la protección natural, en especial contra la radiación solar. No sólo los arboles, sino también los cereales y las hortalizas indispensables por sus vitaminas y minerales caen víctimas de la energía solar que actúa en forma desenfrenada. En muchas partes de nuestro planeta las hortalizas ya solo pueden crecer a media sombra.
Se producen grandes sequías y por otra parte terribles inundaciones, inviernos sin frío, veranos sin calor y viceversa. Hoy prácticamente son posibles todos los extremos climáticos. Y pareciera que no se ofrecen soluciones rápidas, por el contrario, los problemas ambientales aumentan. Ya se habla de temperaturas extremas superiores a los 40° en el verano e inferiores a los -30° en el invierno. Y los últimos años confirman este pronóstico Pero, ¿luego qué? ¿y la alimentación?
Durante la epidemia del cólera de 1991, llegaron a Latinoamérica los cultivos hidropónicos. Técnica en sí perfecta, que se adapta maravillosamente a la producción individual de brotes de hortalizas en pequeña escala para consumo propio.
Los germinados que así crecen, lo hacen naturalmente, es decir, sin fertilizantes, polvos insecticidas u otras sustancias tóxicas. Son brotes realmente frescos, verdes, vivos, llenos de vitaminas y minerales, que empero deben ser consumidos crudos después de ser cosechados, para no perder las propiedades de sus nutrientes naturales. Tampoco deben ser almacenados durante mucho tiempo, ni ser cocidos, a lo sumo al vapor.
Estos brotes realmente contienen todas las sustancias para fortalecer al sistema inmunológico de nuestro organismo, si son consumidos recién cosechados.
Sin embargo, la producción industrial de brotes por este sistema es menos aconsejable. La mayoría de los brotes producidos con base hidroponía se dañan durante la cosecha. Las raíces se fijan al fondo buscando alimentación o crecen por las perforaciones en el fondo y en las paredes y así las plantitas se rompen o pierden sus raíces al sacarlos y se convierten en cadáveres como la verdura de la huerta.
El nuevo sistema ANFIBIO
Nos ofrece la posibilidad de estandarizar la producción de brotes vegetales, para que cada especie crezca bajo condiciones óptimas y utilizando las semillas adecuadas se pueden producir los brotes de hortalizas más frescos que existen.
El sistema anfibio imita “puertas adentro” el génesis de la vida. Haciendo posible que los brotes de hortalizas crezcan independientemente de las condiciones climáticas. Esto quiere decir cualquier variedad de brotes Naturales Vivos en cualquier época del año.
La vitalidad extrema para hortalizas cosechadas es posible gracias a que durante la “cosecha” los brotes no sufren ningún daño. Son pescadas en forma completa (o sea con raíces, tallos y hojas verdes), del agua donde estuvieron nadando hasta ese momento como peces. Dado que ya en el agua recibieron el aire necesario para su vida, al momento de su nacimiento, siguen respirando después de su lavado y envasado en recipientes de plástico transparente.
Es decir, que siguen siendo plantas vivas, no como por ejemplo las verduras de la huerta, donde al ser cortadas para la cosecha, se transforman de plantas vivas en muertas cuyo proceso de putrefacción comienza en ese momento.
Las hortalizas germinadas en forma anfibia contienen, según la especie, abundantes vitaminas y minerales.
Otra importante ventaja de BROTES ANFIBIOS
Asimismo, los brotes de hortalizas producidos bajo este sistema duran más de 30 días después del almacenaje. Esta circunstancia abre otras posibilidades, por ejemplo, producir los germinados en lugares como Argentina y transportarlos en grandes cantidades vía aérea a personas que se encuentran en situaciones límites, como después de terremotos, inundaciones, tornados, etc., situaciones que suceden a menudo hoy en día por la contaminación de nuestro planeta.